Cuenta una leyenda urbana que un joven encontró una fría noche a una bella chica, vestida con una túnica blanca, llorando tras el cementerio. El muchacho, cautivado por la belleza etérea de la joven, trató de consolarla, puso su saco sobre sus hombros y consiguió convencerla de ir a tomar un café. Ella se llamaba Luz María.
Charlaron por horas, se enamoraron, se besaron y, de pronto, con un impulso repentino, la chica se levantó, tiró café sobre el saco y salió corriendo gritando que era tarde. El muchacho corrió tras ella, pero al llegar a la puerta del cementerio, la chica desapareció. Desesperado, golpeó insistentemente hasta que el portero le abrió. El joven corrió buscando a Luz María, hasta que, asombrado, descubrió que sobre la escultura de una bóveda estaba su saco manchado de café y, cuando miró el rostro de mármol, descubrió que era el de su bella amada.
La inscripción decía: Luz María García Velloso, fallecida en 1925, a los 15 años.

