Liliana Crociati de Szaszak murió a los 26 años en un accidente en los Alpes austríacos. Su perro murió el mismo día, en Buenos Aires. Inmortalizada en una estatua vestida de novia, Liliana está acompañada por su perro Sabú.
La figura de Sabú tiene el hocico desgastado por el roce de las manos de los visitantes, quienes aseguran que tocarlo trae buena suerte. Cuentan que el espíritu del esposo de Liliana, que sobrevivió al accidente, sigue visitando las noches sin luna la bóveda de su amada para dejarle flores. La estatua de Sabú, por su parte, se ha convertido en un símbolo de fidelidad y misterio. Y un amuleto de la suerte.

